El lado oscuro de la tecnología.

Cuando abandonas lo que una vez fue un sueño por la puerta trasera de la ciudad, un recuerdo de antaño se hace fuerte y peligroso en el olvido de lo más inútil…Un paisaje triste y gris amontona un ejército de basura electrónica a la que la vida le da la espalda sin percatarse de que una nube negra se cierne sobre la salud de los incautos.

No hay un nuevo amanecer en las peligrosas fauces del desecho tecnológico, solo hay abandono y muerte.

¿Pensáis que exagero?

Voy a transcribir unos datos que he recogido de la Wikipedia:
“Los residuos electrónicos de los equipos informáticos generan una serie de problemas específicos. Por ejemplo, son tóxicos, debido a que incluyen componentes tóxicos como el plomo, el mercurio y el cadmio. También llevan selenio y arsénico, entre otros. Cuando estos compuestos son fundidos liberan toxinas al aire, tierra y agua. Otro problema es que suelen llevarse a los países del tercer mundo porque es rentable. Allí se convierten en receptores de esta contaminación.”

Esta clara pero cruda lectura me inquietó tanto, que decidí seguir investigando el grado de perjuicio que podría ocasionar en nuestra salud estas preocupantes toxinas y la verdad que encontré, me golpeó tan fuerte en toda mi ignorancia que convivir con esa realidad, sería un tanto difícil.

Cuando algo no te gusta lo primero que quieres hacer es buscar un culpable, y resulta que me encontré con ese culpable frente al espejo.

Entono el “mea culpa” y reflexiono sobre si nuestra sociedad con su afán de buscar la felicidad en el consumo desmesurado ha provocado semejante situación y me hago mil preguntas hasta que…

¡Por fin se hizo la luz! No es tan metafórico, en realidad todo empezó con la bombilla…

A principios del siglo XIX los fabricantes no estaban tan preocupados por la sostenibilidad y si por fomentar una sociedad de consumo. Estábamos en plena Revolución Industrial.

Preocupados por el inminente descenso en las ventas de lámparas de luz, varios representantes de esta industria, decidieron crear un cartel mundial para controlar la producción de bombillas, el ya famoso “cartel Phoebus”. La medida que tomaron estos “señores” para que sus negocios siguieran siendo productivos fue la de acortar la vida útil de las bombillas de, presumiblemente 2500 horas a 1000 horas. Es el comienzo de la Obsolescencia Programada.

Por suerte el cartel fue denunciado y retirado de circulación, pero por desgracia la práctica que rezaba sigue en vigor hasta hoy en día.

Obsolescencia Programada…Crónica de una muerte anunciada.

Pues si, todos tenemos un chip defectuoso, y de nuevo no lo digo de forma metafórica…

La obsolescencia programada es una práctica comercial habitual que consiste en diseñar una pieza defectuosa en el artículo a vender para que se estropee pasado un tiempo determinado.

Todo empezó cuando se acortó la vida de la bombilla. Esperemos que el principio del fin esté en la investigación que el empresario español Benito Muros junto con un grupo de ingenieros internacionales ha desarrollado. Por fin quieren comercializar una bombilla que tiene una duración de por vida.

Lo que si puedo mostraros es una verdad sin fecha de caducidad, nuestra creatividad. Desarrollémosla sin trampas.

Ahora sólo nos queda por saber que hacer con la chatarra tecnológica de las cual somos…

¿Culpables o víctimas?

@PilarPerezBaz

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